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 "Salir por peteneras"

 

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Los entendidos del cante flamenco saben perfectamente distinguir los distintos palos o tipos de canción, múltiples y variados que existen en el folklores andaluz y que van mucho más allá de las internacionalmente conocidas sevillanas, fandangos, o el cante hondo ( pronunciado cante jondo).

 

Pues bien, entre esos palos La Petenera es un cante con copla de cuatro versos octosílabos que al ser cantada se convierten generalmente en seis, por repetición de uno de ellos y el añadido de otro ajeno a la copla. Cante difícil, de entonación pausada, solemne, emotiva y a veces sentenciosa, revestido siempre de leyenda y al que se le atribuido que para los gitanos ha tenido siempre "mal fario" (dar mala suerte o producir tristeza). Por ello los cantaores calés han evitado cantarla e incluso oírla.

 

¿Cuál fue el origen de la petenera?. Si ya el mundo del flamenco está compuesto por un entramado de mitos y leyendas en el caso de este cante el misterio envuelve su raíz y parte de su desarrollo. Sebastián Estébanez Calderón en su "Fiesta en Triana" cita ciertas coplillas a quienes los aficionados llaman "perteneras" y dice que "son como seguidillas que van por el aire más vivo, pero la voz penetrante de la cantaora dábanles una melancolía inexplicable".

 

En esta tradición se habla de su origen judío o de que era conocida ya por los sefardíes, que las conservan en su tradición. Por otro lado, hay quien cifra su origen en Petén, o lo personifica en una cantaora llamada así, que las popularizó. De ahí pasó a significar mujer peligrosa, perdición para los hombres (ver más información).

 

Dando cuenta de su actualidad, esta frase, en su sentido textual, es mencionada por Joaquín Sabina en su tema "La casa por la ventana"

 

Pero, en lugar del Caribe,

Con su bachata, con sus palmeras,

La Madre Patria recibe

Al inmigrante por peteneras.

 

Resumiendo, sea cual sea su origen, concluimos que de ahí, del folklore popular andaluz, deriva la frase que hoy comentamos y que se utiliza cuando alguien cambia de conversación repentinamente para eludir una pregunta directa o salir de un apuro, formulando vaguedades que nada tienen que ver con el tema; o cuando alguien ha prometido algo y lo incumple o le "da largas" retrasándolo indefinidamente.

 

 

 

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